No tengo la menor idea de cómo pelea
mi viejo. Nunca lo vi pelear, y tampoco me lo imagino. No sé si quiero verlo. Creo que ni quisiera tengo que verlo,
y no porque lo pueda llegar a hacer mal. Como no me lo imagino, tengo miedo
con lo que me pueda llegar a encontrar. O porque tal vez no quiera ver que realmente no
le ganaba a los papás de mis compañeros de escuela.
Entonces, cómo se explica que durante tantos años haya sido como
un súper héroe para mí. Nunca lo vi pelear y siempre estuvo a la altura de Batman o
Súperman. ¡Qué injusto para estos santos encapotados! Ellos debieron probar su coraje frente a los archi-villanos
más peligrosos y malvados del universo mientras que mi viejo, como mucho
insultó a un cana desde su auto en movimiento y así estar a la altura de la Liga
de la Justicia.
Con los años descubrí que sus brazos
no eran tan anchos, sus puños no eran de acero y si bien desde sus ojos nunca
vi salir nunca una lágrima, tampoco fui testigo de que lanzaran rayos ultravioleta que derriten una puerta de hierro ultra secreta.