¿Por qué donde hay una reunión con mucha gente y poco espacio, el que se apoya contra una pared y apaga la luz con su espalda es el último en darse cuenta que acaba de apagar la luz? Y no solo eso, muchas veces no se da cuenta si alguien no se lo hace notar.
Por lo general estas cosas pasan durante una clase o exposición y le ocurren al último en llegar que, como lo hace tarde y le da vergüenza cruzar la sala por un asiento, se tira contra la primera pared que encuentra con tal de que dejen de mirarlo. Y cuando comete esta torpeza no se apagan todas la luz de la sala sino que siempre alguna tecla zafa.
Como es una reunión, naturalmente alguien está hablando y los primeros en notarlo, para no interrumpir la reunión, intentarán avisar de la ausencia de luz al responsable, a través de diversas señas. (el orador también lo notó. Intenta seguir como si nada, pero le cuesta disimularlo). La más común de las señas: cabecear hacia la luz y atravesar al culpable con la mirada. Lo triste del cuadro se completa cuando éste no percibe la presente oscuridad de luz, recién llega, y le lleve varios segundos descifrar que él es el causante de esta distracción general.